25 Pero el que mira atentamente en la ley perfecta, la ley de la libertad, y persevera en ella, no siendo un oidor que olvida, sino un hacedor que actúa, este será bienaventurado en lo que hace. 26 Si alguien se cree religioso, pero no controla su lengua y engaña a su propio corazón, la religión de tal persona es vana.