3 Pero cuando Pablo había recogido un manojo de leña y lo echó al fuego, una víbora, huyendo del calor, salió y se le prendió de la mano. 4 Cuando los habitantes de la isla vieron al animal venenoso colgando de su mano, se decían unos a otros: “Sin duda este hombre es un asesino. Aunque se ha salvado del mar, la Justicia no lo deja vivir”.