Nuestro país, Finlandia, la tierra donde nacimos, ¡resuena, querida palabra, resuena!
¡Ningún valle, ninguna colina, ninguna agua, ninguna orilla es más querida que donde la polilla del Norte creó los túmulos de oro de nuestro padre!
Y aquí, aquí está esta tierra, nuestros ojos pueden verla; podemos alargar la mano y señalar el agua, la orilla, y decir: "¡Miren, allí está, la tierra de nuestro querido padre!"